Publicado por ICS el 6 de Febrero de 2010.
(LA MUERTE EN VENECIA)
Gustav Aschenbach -o Von Aschenbach, como se le conocía oficialmente desde su quincuagésimo aniversario- salió de su apartamento de la Pinzregentenstrasse, en Munich, para dar un largo paseo a solas…
* Traducción: Juan José del Solar
(MARIO Y EL MAGO)
De Torre di Venere guardo el recuerdo de una atmósfera desagradable. Había en el ambiente, ya de buen comienzo, irritación, tensión y enojo, y para colmo, se produjo, más tarde, el choque con el terrible Cipolla, nefasto personaje, de impresionante aspecto, en el que parecía tomar cuerpo y concentrarse, amenazadora, toda la malignidad del entorno. El desenlace fue espantoso (posteriormente nos pareció predeterminado por la naturaleza misma de las cosas), y por añadidura, quiso la fatalidad que hasta los niños lo presenciaran. En suma, una lamentable situación, extraña ya de por sí, y que se debía a un malentendido suscitado por las falaces promesas de aquel hombre (en tantos otros aspectos notable). Por suerte no entendieron los niños dónde era que acababa el espectáculo y dónde comenzaba la catástrofe, y se les permitió forjarse la bella ilusión de que todo había sido, simplemente, teatro…
* Traducción: Nicanor Ancochea
* Editorial: Edhasa
Publicado por ICS el 6 de Febrero de 2010.
… Dos veces estuve a punto de levantarme. La primera, por acumulación de disgusto conmigo mismo; la segunda, también por acumulación, pero esta vez de agobio, de pesadumbre. Por lo visto, hay recuerdos falsificados y es imposible la certeza. Alguien había dicho, muy cerca de mí, que no había sido yo el niño castigado. Esa revelación me confundió, me predispuso violentamente contra mi pasado, como si yo mismo, sin quererlo, me hubiera engañado, durante más de veinte años, y me descubriera ahora impostor de mi presente…
* Editorial: Debate
Publicado por ICS el 18 de Enero de 2010.
… «Estos periódicos ingleses están verdaderamente bien hechos», se dijo el buen doctor, a la vez que se arrellanaba cómodamente en el gran sillón de cuero.
El doctor Sarrasin había practicado durante toda su vida esa forma de distracción que es el monólogo.
Era un hombre de cincuenta años, de finas facciones, con unos ojos vivos y limpios tras las gafas con montura de acero. Su fisonomía era a la vez grave y amable. Era uno de esos individuos que obligan a decirse a primera vista: «Éste es un buen hombre»…
* Traducción: Miguel Salabert
* Editorial: Alianza
Publicado por Fer el 1 de Enero de 2010.
… Al sur de la tierra de Ingary, en los sultanatos de Rashpuht, vivía un joven mercadore llamado Abdullah en la lejana ciudad de Zanbib. Tal como suele suceder con los mercaderes, Abdullah no era rico. Había sido una decepción para su padre y este al morir sólo le dejó el dinero suficiente para comprar y surtir un modesto puesto en la esquina noreste del Bazar. El resto del dinero de la herencia, así como el gran emporio de alfombras situado en el centro del Bazar, fue a parar a manos de los familiares de la primera mujer de su padre.
Nunca nadie le había dicho a Abdullah por qué había decepcionado a su padre. Cierta profecía de su nacimiento tenía algo que ver con ello, pero Abdullah no se había preocupado de averiguar nada; al contrario, desde muy pequeño, se había ido inventando su propia historia. Soñaba despierto con que él era en realidad el hijo perdido de un gran príncipe, lo que quería decir, por supuesto, que su padre no era su padre. Estos pensamientos no eran sino castillos en el aire… Y él lo sabía…
* Traducción: Ana Ramos
* Editorial: Berenice
Publicado por ICS el 29 de Diciembre de 2009.
… Joe se dejó caer en el asiento y se aflojó la corbata del uniforme escolar. Su maleta sobresalía de la rejilla portaequipajes que tenía sobre la cabeza, y la etiqueta colgaba ante sus ojos. En ella se leía:
JOSEPH BINKS
Responsable: señora Merle Taverner
2 Cloister Walk
Canterbury
Kent
Joe arrancó la etiqueta de su cordel, hizo una pelotita con ella y la tiró a un rincón del compartimento del tren. La mujer sentada frente a él estaba tan enfrascada en la lectura del periódico que no le prestó atención. El chico se repartingó en su asiento y pensó, por centésima vez ese día, que ojalá pudiese pasar las Navidades en Londres…
* Traducción: Raquel Vázquez Ramil
* Editorial: Salamandra
Publicado por ICS el 22 de Diciembre de 2009.
(PARA LEER AL ANOCHECER)
Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Había cinco. Cinco guías, sentados en un banco en el exterior del convento que se encuentra sobre el collado del Gran San Bernardo en Suiza, absortos en las cumbres lejanas tintadas por la puesta de sol, como si una considerable cantidad de vino hubiera sido escanciada sobre la cima de la montaña y no hubiera tenido tiempo de hundirse en la nieve…
* Traducción: Marian Womack y Enrique Gil-Delgado
* Editorial: Impedimenta
Publicado por ICS el 17 de Diciembre de 2009.
… He began his new life standing up, surrounded by cold darkness and stale, dusty air.
Metal ground against metal; a lurching shudder shook the floor beneath him. He fell down at the sudden movement and shuffled backward on his hands and feet, drops of sweat beading on his forehead despite the cool air. His back struck a hard metal wall; he slid along it until he hit the corner of the room. Sinking to the floor, he pulled his legs up tight against his body, hoping his eyes would soon adjust to the darkness.
With another jolt, the room jerked upward like an old lift in a mine shaft.
Harsh sounds of chains and pulleys, like the workings of an ancient steel factory, echoed through the room, bouncing off the walls with a hollow, tinny whine. The lightless elevator swayed back and forth as it ascended, turning the boy’s stomach sour with nausea; a smell like burnt oil invaded his senses, making him feel worse. He wanted to cry, but no tears came; he could only sit there, alone, waiting.
My name is Thomas, he thought.
That… that was the only thing he could remember about his life…
* Editorial: Delacorte Press
Publicado por ICS el 1 de Diciembre de 2009.
… Una gorra de cazadora verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que brotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez. Los labios, gordos y bembones, brotaban protuberantes bajo el tupido bigote negro y se hundían en sus comisuras, en plieguecitos llenos de reproche y de restos de patatas fritas. En la sombra, bajo la visera verde de la gorra, los altaneros ojos azules y amarillos de Ignatius J. Reilly miraban a las demás personas que esperaban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D. H. Holmes, estudiando a la multitud en busca de signos de mal gusto en el vestir. Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia. La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría en una persona. Podía proyectar incluso dudas sobre el alma misma del sujeto…
* Traducción: J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez
* Editorial: Anagrama
Publicado por ICS el 3 de Noviembre de 2009.
… El rabino Goldman se arregló la barba con la punta de los dedos, bebió un sorbo de agua y caminó con aire pomposo hacia el atril de madera que dominaba el centro del púlpito…
* Editorial: Belacqua