… comienzos de libros …
… Yo soy este, nigel molesworth, el terror de San Custodio
que es mi colejio. Es un sitio húmedo y cutre como voy a dejar claro (espero), aunque en realidad todos los colejios son iguales.
En San Custodio hay bastonazos, latín, geografía, historia, mates, geometría, direztores, un perro que vive en el colejio, salchichas misteriosas, mi hermano molesworth-2 y sobretodo profes por todas partes.
Lo único bueno de el colejio son los chicos que son nobles y balientes y no le tienen miedo a nada aunque tanbién hay enpollones, habusones, barbilindos, gordos y palurdos con los que no me queda mas remedio que tratar.
¡En realidad el colejio es un balle de lágrimas!
COMO BERÁS A CONTINUACIÓN…
* Traducción: Jon Bilbao
* Ilustraciones: Ronald Searle
* Editorial: Impedimenta
* Serie: Abajo el colejio, n.º 1
… He tenido directores buenos, mediocres y malos. También he tenido días buenos, mediocres y malos; prefiero no sacar cuentas, porque me dedico a un oficio en el que me resulta prácticamente imposible hacer las cosas de forma excelente, o al menos irreprochable. En cambio, es fácil equivocarse…
* Ilustraciones: Oriol Malet
* Editorial: Jot Down Books
… Llamo a Ramón, mi criado, y le pido que me ayude a salir, y me abrazo a él, que me envuelve en una toalla y me habla en voz baja, repitiendo muchas veces las mismas palabras como si quisiera hipnotizarme. Las gotas de agua se quedan en el mármol del suelo, junto a la bañera, como los restos de una belleza destruida.
Antes, cuando mi hijo traía a Roberto para que pasara con nosotros las tardes de domingo, encontraba en sus ojos infantiles destellos de esa belleza. Pensaba que dentro de él crecían los colores que luego habrían de perseguirlo para siempre. Mi propia mirada descubría las fuentes en las que bebía: el sol dibujando una telaraña en el jardín, el libro de los animales, las colecciones de cromos, la caja de metal en la que Eva guardaba golosinas que extraía con su mano deforme por la artrosis, pero que a Roberto le parecía la de un mago, el cajón de las viejas fotografías. A veces, cuando lo sentía extasiado en mis brazos, deseaba su felicidad, su muerte.
Ramón me coge del brazo y me conduce a lo largo del pasillo desde el salón donde he permanecido oyendo la radio, hasta mi cuarto. Se pone del lado derecho. Siempre es así…
* Editorial: Anagrama
… Yves dormía como un niño, con toda el alma. Tenía un brazo doblado y la cabeza apoyada en el codo, como si instintivamente hubiera reencontrado la postura e incluso la sonrisa de los niños, inocente y seria, del profundo y confiado sueño de antaño. Soñaba con una larga playa bañada por el sol, con el sol de la tarde sobre el mar, con el sol entre los tamariscos…
* Traducción: José Antonio Soriano Marco
* Editorial: Salamandra
… y lo que ha dicho el fiscal es que un hombre no debe morir por tan poca cosa, que es injusto morir por una lata de cerveza que el tipo ha conservado en las manos lo suficiente para que los seguratas puedan acusarlo de robo y jactarse, después, de haberlo identificado y elegido entre los otros, la gente que está allí comprando, tiene tiempo para intentar, eso mismo, intentar, correr hacia las cajas o amagar un gesto para resistírseles, porque así podría advertir lo que son capaces de hacer los seguratas, lo que saben, e incluso bajar los ojos y acelerar el paso, si decide escapar caminando muy rápido, sin dejarse llevar por el pánico ni salir corriendo, conteniendo el aliento, los dientes apretados, un movimiento, cosa que ha hecho, no tratar de negar cuando los ha visto llegar y ellos se han, no diré lanzado sobre él, porque se acercaban lentos y tranquilos, sin abalanzarse en absoluto, como habrían hecho, dijéramos, unas aves de presa, no, no han hecho eso, por el contrario, se han detenido ante él, todos ellos muy silenciosos, más bien lentos y fríos cuando lo han rodeado y él no ha pronunciado una sola palabra para protestar o negar porque, sí, se había bebido una lata y habría podido darles las gracias por dejar que se la acabara…
* Traducción: Javier Albiñana
* Editorial: Anagrama
Sueño muchísimo, en colores dementes, tengo en los sueños sensaciones que no busco nunca en la realidad. He anotado cientos de sueños a lo largo de los últimos diez años: algunos se repiten de forma compulsiva y me empujan a las mismas horcas caudinas de la vergüenza, la rabia y la soledad. Por supuesto, dicen que el escritor pierde por cada sueño un lector, que los sueños resultan aburridos en una historia, que no son sino un método anticuado de mise-en-abyme. Pocas veces, es cierto, resulta un sueño interesante para los otros…
* Traducción: Marian Ochoa de Eribe
* Editorial: Impedimenta