Colgando de un hilo (Dorothy Parker)

… Por favor, Dios mío, haz que me telefonee ahora. Oh, Dios, que me llame. No te pediré nada más, te lo prometo. Me parece que no es pedir demasiado. Te costaría tan poco, Dios mío, concederme esta pequeñez… Que me telefonee ahora mismo, nada más. Por favor, Dios mío, por favor, te lo ruego.
Si no pensara en ello, tal vez sonaría el teléfono, como sucede a veces. Si pudiera pensar en otra cosa, lo que fuera. Quizá si contara hasta quinientos de cinco en cinco, el timbre sonaría cuando terminara. Contaré lentamente, no quiero hacer trampa, y si suena cuando llegue a trescientos no pararé; no responderé hasta llegar a quinientos. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta… Por favor, que suene, por favor…

* Traducción: Jordi Fibla, Celia Filipetto y Carmen Francí
* Ilustraciones: Simone Massoni
* Editorial: Lumen

Una chica en invierno (Philip Larkin)

… Durante la noche había dejado de nevar, pero, como seguía helando y los copos no se derretían, la gente comentaba que aún nevaría más. E incluso cuando la nieve empezó a fundirse, no les quitó la razón, porque no se veía el sol, sino una vasta y única capa de nubes sobre el campo y los bosques. En contraste con la nieve, el cielo era marrón. Sin la nieve, en realidad, la mañana habría parecido un anochecer de enero, pues la luz daba la impresión de surgir directamente de ella…

* Traducción: Marcelo Cohen
* Editorial: Impedimenta

El gusano de seda (Robert Galbraith)

—Más vale que se haya muerto alguien famoso de verdad, Strike —dijo una voz ronca desde el otro extremo de la línea.
Aún no había amanecido. El hombre corpulento y sin afeitar que caminaba con el teléfono apretado contra la oreja sonrió.
—Por ahí va la cosa.
—¡Son las seis de la mañana, joder!
—Las seis y media, pero, si esto le interesa, tendrá que venir a buscarlo —dijo Cormoran Strike—. No estoy muy lejos de su casa. Hay una…
—¿Cómo sabe dónde vivo? —quiso saber su interlocutor.
—Me lo dijo usted mismo —contestó Strike conteniendo un bostezo—. Me comentó que va a vender su piso.
—Ah, sí —repuso el otro, más calmado—. Tiene buena memoria.
—Hay una cafetería que abre las veinticuatro…
—¡Ni hablar! Venga más tarde a mi despacho.
—Escuche, Culpepper, no he pegado ojo en toda la noche y esta mañana tengo una cita con otro cliente que me paga mejor que usted. Si lo quiere, tendrá que venir a buscarlo. Ahora mismo…

* Traducción: Gemma Rovira Ortega
* Editorial: Salamandra
* Serie: Cormoran Strike, n.º 2

El canto del cuco (Robert Galbraith)

… La agitación en la calle era como el zumbido de las moscas. Los fotógrafos se apiñaban tras las vallas vigiladas por la policía, con sus grandes cámaras preparadas y el aliento elevándose como el vapor. La nieve caía ininterrumpidamente sobre gorros y hombros; los dedos enguantados limpiaban las lentes. De vez en cuando, se oían arranques de esporádicos chasquidos: los observadores ocupaban el tiempo de espera sacando fotos a la carpa de lona blanca que estaba en medio de la calle, a la entrada del alto edificio de apartamentos de ladrillo rojo que había detrás y al balcón del piso superior desde donde había caído el cuerpo…

* Traducción: Jesús de la Torre Olid
* Editorial: Espasa
* Serie: Cormoran Strike, n.º 1

Valancy Stirling o El castillo azul (Lucy Maud Montgomery)

… Si no hubiera llovido cierta mañana de mayo, toda la vida de Valancy Stirling habría sido completamente distinta…

* Traducción: Rosa Sahuquillo y Susanna González
* Ilustraciones: Almudena Cardeñoso
* Editorial: dÉpoca

Cuentos de cabecera (Osamu Dazai)

(PREFACIO)

—¡Ah, ya está empezando! —dijo el padre dejando su bolígrafo mientras se levantaba.
Si fuera tan solo la sirena de alarma, no se amedrantaría como para dejar su trabajo. Pero al tratarse también del atronador rugido de la artillería antiaérea, aseguró la acolchada capucha protectora sobre la cabeza de su hija de cinco años y, cogiéndola en brazos, la llevó al refugio casero. La madre ya estaba acurrucada en el estrecho espacio, con su hijo de dos años ceñido a la espalda.

—Suenan cerca, ¿eh? —dice el padre…

* Traducción: Daniel Aguilar
* Editorial: Satori

Publicado en: Japón, Osamu Dazai, Satori. Opina

Del color de la leche (Nell Leyshon)

… éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.
en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años y estoy sentada al lado de mi ventana y veo muchas cosas. veo pájaros y los pájaros llenan el cielo con sus gritos. veo los árboles y veo las hojas.
y cada hoja tiene venas que la recorren.
y la corteza de cada árbol tiene grietas.
no soy muy alta y mi pelo es del color de la leche.
me llamo mary y he aprendido a deletrear mi nombre. eme. a. erre. i griega. así es como se escribe…

* Traducción: Mariano Peyrou
* Editorial: Sexto Piso

Los perros y los lobos (Irène Némirovsky)

… A los ojos de sus habitantes judíos, la ciudad ucraniana de la que eran originarios los Sinner tenía tres zonas claramente diferenciadas, como las que se ven en ciertas pinturas antiguas: abajo, atrapados entre las tinieblas y las llamas del infierno, los réprobos; en el centro de la tela, iluminados por una luz pálida y serena, los mortales; y en lo alto, los elegidos…

* Traducción: José Antonio Soriano Marco
* Editorial: Salamandra

Liquidación (Imre Kertész)

… Llamemos Keserű a nuestro hombre, al héroe de esta historia. Imaginamos a una persona y luego un nombre. O a la inversa: imaginamos un nombre y luego a la persona. Todo ello resulta, sin embargo, prescindible en este caso, porque nuestro hombre, el héroe de esta historia, se llama realmente Keserű…

* Traducción: Adam Kovacsics
* Editorial: Alfaguara

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina