La naranja mecánica (Anthony Burgess)

-¿Y ahora qué pasa, eh?
Estábamos yo, Alex, y mis tres drugos, Pete, Georgie y el Lerdo, que realmente era lerdo, sentados en el bar lácteo Korova, exprimiéndonos los rasudoques y decidiendo qué podríamos hacer esa noche, en un invierno oscuro, helado y bastardo aunque seco. El bar lácteo Korova era un mesto donde servían leche-plus, y quizás ustedes, oh hermanos míos, han olvidado cómo eran esos mestos, pues las cosas cambian tan scorro en estos días, y todos olvidan tan rápido, aparte de que tampoco se leen mucho los diarios. Bueno, allí vendían leche con algo más. No tenían permiso para vender alcohol, pero en ese tiempo no había ninguna ley que prohibiese las nuevas vesches que acostumbraban meter en el viejo moloco, de modo que se podía pitearlo con velocet o synthemesco o drencrom o una o dos vesches más que te daban unos buenos, tranquilos y joroschós quince minutos admirando a Bogo y el Coro Celestial de Ángeles y Santos en el zapato izquierdo, mientras las luces te estallaban en el mosco. O podías pitear leche con cuchillos como decíamos, que te avivaba y preparaba para una piojosa una-menos-veinte, y eso era lo que estábamos piteando la noche que empieza mi historia…

* Traducción: Aníbal Leal
* Editorial: Minotauro

Ensayo sobre la lucidez (José Saramago)

… Mal tiempo para votar…

* Traducción: Pilar del Río
* Editorial: Alfaguara

After Dark (Haruki Murakami)

… Perfil de una gran ciudad.
Captamos esta imagen desde las alturas, a través de los ojos de un ave nocturna que vuela muy alto.
En el amplio panorama, la ciudad parece un gigantesco ser vivo. O el conjunto de una multitud de corpúsculos entrelazados. Innumerables vasos sanguíneos se extienden hasta el último rincón de ese cuerpo imposible de definir, transportan la sangre, renuevan sin descanso las células. Envían información nueva y retiran información vieja. Envían consumo nuevo y retiran consumo viejo. Envían contradicciones nuevas y retiran contradicciones viejas…

* Traducción: Lourdes Porta
* Editorial: Tusquets

Los hijos de Anansi (Neil Gaiman)

… Esta historia comienza, como casi todas, con una canción.
Al principio sólo existían las palabras, y llegaron acompañadas de una melodía. Así es como se creó el mundo, como la nada fue dividida, como la tierra y el firmamento y los sueños, los dioses menores y los animales, todos ellos, tomaron forma corpórea.
Fueron cantados…

* Traducción: Mónica Faerna
* Editorial: Roca

Entre Marx y una mujer desnuda (Jorge Enrique Adoum)

… o sea que las cosas no han sido todavía sino que van a ser, no pasaron así sino que van a suceder ahora, en estas páginas, nadie sabe cómo, no tienen un principio ni un orden otro que el que tú le des, e incluso la sucesión de renglones, de párrafos puede ser alterada porque, aunque inflexible en su estructura, es deliciosamente arbitraria. Por eso sacas de la máquina el papel en que habías escrito…

* Editorial: Eskeletra

American Gods (Neil Gaiman)

… Sombra se había pasado tres años en la cárcel. Era bastante grande y todo él parecia transmitir el mensaje de «no me toques los cojones», por lo que su mayor problema consistía en encontrar formas de matar el tiempo. Así que se dedicaba a mantenerse en forma, aprendía a hacer trucos con monedas y pensaba muy a menudo en lo mucho que quería a su mujer.
Lo mejor, en opinión de Sombra, y quizá lo único bueno, de estar en la cárcel era la sensación de alivio. La sensación de que había caído todo lo bajo que podía caer, de que había llegado hasta el fondo. No le preocupaba que el hombre lo fuera a coger, porque el hombre lo había cogido. No le daba miedo lo que el mañana le pudiera traer, porque el ayer se lo había traído…

* Traducción: Robert Falcó
* Editorial: Norma

Los Buddenbrook (Thomas Mann)

—¿Cómo era eso? ¿Cómo… era…?
—¡Ay, demonio! ¿Cómo era? C’est la question, ma très chère demoiselle!
La consulesa Buddenbrook, sentada al lado de su suegra en el sofá de líneas rectas, lacado en blanco, tapizado en amarillo claro y adornado con una cabeza de león dorada en lo alto del respaldo, dirigió una mirada a su esposo, instalado junto a ella en un sillón, y salió en ayuda de su hija pequeña, a quien el abuelo sostenía sobre las rodillas, junto a la ventana.
—A ver, Tony—dijo—. «Creo que Dios»…

* Traducción: Isabel García Adánez
* Editorial: Edhasa

Publicado en: Alemania, Edhasa, Thomas Mann. Opina

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (Haruki Murakami)

… Cuando sonó el teléfono, estaba en la cocina con una olla de espaguetis al fuego. Iba silbando la obertura de La gazza ladra, de Rossini, al compás de la radio, una emisión en FM. Una música idónea para cocer la pasta…

* Traducción: Lourdes Porta y Junichi Matsuura
* Editorial: Tusquets

El libro del cementerio (Neil Gaiman)

… Cabía una mano en la oscuridad, y esa mano sostenía un puñal cuyo mango era de brillante hueso negro y la hoja, más afilada y precisa que una navaja de afeitar. Si te cortara, lo más probable es que ni te enteraras, o al menos no lo notarías de inmediato.
El puñal prácticamente había terminado lo que debía hacer en aquella casa, y tanto la hoja como el mango estaban empapados…

* Traducción: Mónica Faerna
* Ilustraciones: Chris Ridell
* Editorial: Roca

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina