Los Buddenbrook (Thomas Mann)

—¿Cómo era eso? ¿Cómo… era…?
—¡Ay, demonio! ¿Cómo era? C’est la question, ma très chère demoiselle!
La consulesa Buddenbrook, sentada al lado de su suegra en el sofá de líneas rectas, lacado en blanco, tapizado en amarillo claro y adornado con una cabeza de león dorada en lo alto del respaldo, dirigió una mirada a su esposo, instalado junto a ella en un sillón, y salió en ayuda de su hija pequeña, a quien el abuelo sostenía sobre las rodillas, junto a la ventana.
—A ver, Tony—dijo—. «Creo que Dios»…

* Traducción: Isabel García Adánez
* Editorial: Edhasa

Publicado en: Alemania, Edhasa, Thomas Mann. Opina

Radikal (Heinrich Heine)

(ICH GLAUB NICHT AN DEN HIMMEL…, NO CREO EN ESE CIELO…)

Ich glaub nicht an den Himmel
Wovon das Pfäfflein spricht;
Ich glaub nur an dein Auge,
Das ist mein Himmelslicht.

Ich glaub nicht an den Herrgott,
Wovon das Pfäfflein spricht;
Ich glaub nur an dein Herze,
‘nen andern Gott hab ich nicht.

Ich glaub nicht an den Bösen,
An Höll und Höllenschmerz;
Ich glaub nur an dein Auge,
Und an dein böses Herz.

[No creo en ese cielo / de que el curita habla; / sólo creo en tus ojos: / mi luz celeste son. // No creo en ese dios / de que el curita habla; / creo en tu corazón, / no tengo otro dios yo. // No creo ni en demonios, / ni en penas del infierno; / sólo creo en tus ojos / y en tu vil corazón.]

* Traducción: Jesús Munárriz
* Editorial: Hiperión
* ¿Bilingüe?: Sí [alemán + español]

Epigramas venecianos (Johann Wolfgang von Goethe)

Sarkophagen und Urnen verzierte der Heide mit Leben:
Faunen tanzen umher, mit der Bacchantinnen Chor
Machen sie bunte Reihe; der ziegengefüßete Pausback
Zwingt den heiseren Ton wild aus dem schmetternden Horn.
Cymbeln, Trommeln erklingen; wir sehen und hören den Marmor.
Flatternde Vögel! wie schmeckt herrlich dem Schnabel die Frucht!
Euch verscheuchet kein Lärm, noch weniger scheucht er den Amor,
Der in dem bunten Gewühl erst sich der Fackel erfreut.
So überwältiget Fülle den Tod; und die Asche da drinnen
Scheint, im stillen Bezirk, noch sich des Lebens zu freun

[Sarcófagos y urnas decoraba el pagano con vida. / Bailan en torno los faunos, con las bacantes en coro / forman vistosas hileras; el mofletudo caprípedo / silvestre extrae el torno más ronco del estrepitoso cuerno. / Címbalos, tímpanos suenan; vemos y oímos el mármol. / ¡Aves revoloteantes! ¡qué extraordinario sabor tiene la fruta en su pico! / No os ahuyentan los ruidos ni aún menos Amor os ahuyenta, / pues entre el vistoso gentío prefiere alegrarse su antorcha. / Vence así la abundancia a la muerte; y en su interior las cenizas / en el tranquilo recinto aún con la vida alegrarse parecen.]

* Traducción: Jesús Munárriz
* Editorial: Hiperión
* ¿Bilingüe?: Sí [alemán + español]

Caperucita Roja (Perrault, Grimm y Tieck)

… Había una vez una niña de pueblo, la más bonita que hubieseis visto; su madre estaba loca con ella, y su abuela más loca todavía. Esta buena mujer encargó para ella una caperuza roja que le sentaba tan bien que todos la llamaban Caperucita Roja…

* Traducción: Luis Alberto de Cuenca
* Autores: Charles Perrault, Jacob y Wilhelm Grimm, Ludwig Tieck
* Ilustradores: Agustín Comotto, Marta Gómez-Pintado, Ana Juan, Alicia Martínez, Verónica Moretta, Elena Odriozola, Luis Scafati, Noemí Villamuza, Javier Zabala
* Editorial: Nórdica

Alemania. Un cuento de invierno (Heinrich Heine)

(CAPUT 1)

Im traurigen Monat November war’s,
Die Tage wurden trüber,
Der Wind riß von den Bäumen das Laub,
Da reist ich nach Deutschland hinüber.

Und als ich an die Grenze kam,
Da fühlt ich ein stärkeres Klopfen
In meiner Brust, ich glaube sogar,
Die Augen begunnen zu tropfen.

Und als ich die deutsche Sprache vernahm,
Da ward mir seltsam zumute;
Ich meinte nicht anders, als ob das Herz
Recht angenehm verblute.

[Fue en el triste mes de noviembre / —los días se agrisaban, / deshojaba el viento los árboles— / cuando viajé a Alemania. // Y cuando llegué a la frontera / sentí un palpitar más fuerte / en mi pecho; incluso creo que / empezaron a gotear mis ojos. // Y al oír la lengua alemana / sentí una cosa extraña: / creo que era como si el corazón / sangrara muy a gusto.]

* Traducción: Jesús Munárriz
* Editorial: Hiperión

La muerte en Venecia / Mario y el mago (Thomas Mann)

(LA MUERTE EN VENECIA)
Gustav Aschenbach -o Von Aschenbach, como se le conocía oficialmente desde su quincuagésimo aniversario- salió de su apartamento de la Pinzregentenstrasse, en Munich, para dar un largo paseo a solas…

* Traducción: Juan José del Solar

(MARIO Y EL MAGO)
De Torre di Venere guardo el recuerdo de una atmósfera desagradable. Había en el ambiente, ya de buen comienzo, irritación, tensión y enojo, y para colmo, se produjo, más tarde, el choque con el terrible Cipolla, nefasto personaje, de impresionante aspecto, en el que parecía tomar cuerpo y concentrarse, amenazadora, toda la malignidad del entorno. El desenlace fue espantoso (posteriormente nos pareció predeterminado por la naturaleza misma de las cosas), y por añadidura, quiso la fatalidad que hasta los niños lo presenciaran. En suma, una lamentable situación, extraña ya de por sí, y que se debía a un malentendido suscitado por las falaces promesas de aquel hombre (en tantos otros aspectos notable). Por suerte no entendieron los niños dónde era que acababa el espectáculo y dónde comenzaba la catástrofe, y se les permitió forjarse la bella ilusión de que todo había sido, simplemente, teatro…

* Traducción: Nicanor Ancochea
* Editorial: Edhasa

Publicado en: Alemania, Edhasa, Thomas Mann. Opina

El mayorazgo (E. T. A. Hoffmann)

… A orillas del Báltico se encuentra la casa solariega de la noble familia von R., conocida como mansión R…

* Traducción: Jorge Seca
* Editorial: Nórdica

El secreto de Lena (Michael Ende)

… Lena era una niña extremadamente amable siempre que sus padres se portaran bien y obedecieran a lo que ella les mandaba.
Desgraciadamente, eso ocurría pocas veces…

* Traducción: Marinella Terzi
* Ilustraciones: Jindra Čapek
* Editorial: SM

Publicado en: Alemania, Michael Ende, SM. Opina

La larga sombra (Ralf Isau)

… El mar se había transformado en un ser viviente, en una criatura gigantesca que sufría tremendos dolores. ¿Cómo podía explicarse de otro modo ese violento oleaje? No obstante, y a pesar de la clara luz de la luna, David no podía reconocer ni crestas espumosas ni olas que al romper se abalanzaran como garras sobre el pequeño pesquero…

* Traducción: Roberto H. Bernet
* Editorial: Ediciones B
* Serie: El círculo del crepúsculo, n.º 2

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina