La noche mineral (Francisco Solano)

… Dos veces estuve a punto de levantarme. La primera, por acumulación de disgusto conmigo mismo; la segunda, también por acumulación, pero esta vez de agobio, de pesadumbre. Por lo visto, hay recuerdos falsificados y es imposible la certeza. Alguien había dicho, muy cerca de mí, que no había sido yo el niño castigado. Esa revelación me confundió, me predispuso violentamente contra mi pasado, como si yo mismo, sin quererlo, me hubiera engañado, durante más de veinte años, y me descubriera ahora impostor de mi presente…

* Editorial: Debate

El salmo de Kaplan (Marco Schwartz)

… El rabino Goldman se arregló la barba con la punta de los dedos, bebió un sorbo de agua y caminó con aire pomposo hacia el atril de madera que dominaba el centro del púlpito…

* Editorial: Belacqua

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Jesús Ferrero)

(1. EL DESEO)

Podríamos ahora mismo formular el mito del universo así:
En el origen el universo era tan denso que se reducía a un punto sin dimensión. Toda su materia estaba condensada de tal modo que no ocupaba espacio alguno, y era como si hubiese desaparecido en el vacío.
Fue el momento más asombroso. El cosmos se esfumó, y todo su contenido se enquistó en una esfera millones y millones de veces inferior a la punta de un alfiler.
En ese enquistamiento extremo pudo haber permanecido para siempre, con toda su sustancia concentrada. Pero el universo tenía un dios interior que era a la vez su alma: el Deseo, y gracias a él todo cambió…

* Editorial: Anagrama

Ángeles del abismo (Jesús Ferrero)

… Sueño que vuelvo al jardín de los Guridi. Allí están todos los amigos de ayer, tendidos sobre la hierba, a la sombra de un tilo, allí están de nuevo. En la mecánica traslúcida del sueño, el lugar parece tan idéntico a como ha sido que dudo del paso del tiempo: de pronto, nada me aleja de aquel jardín, de sus árboles fraternales y de la yedra que cubre los muros que nos separan de un mundo devastado, lleno de fábricas humeantes…

* Editorial: Siruela

Cartas de un asesino insignificante (José Carlos Somoza)

(NOTA DEL EDITOR)

La imaginación es un palacio abstracto. No debe dársele mayor importancia a la correspondencia que sigue de la que permite deducir su lectura completa. Se publica tal como llegó a nuestras manos, incluso las cartas inacabadas o interrumpidas. Todos los personajes descritos en ella existen o han existido. Todos, salvo uno. La persona que me las envió me rogó encarecidamente que no desvelara bajo ningún concepto la identidad de este personaje irreal. No importa: sé que el lector la descubrirá por sí mismo.

(…)

Estimada señorita. Voy a matarla y usted lo sabe, así que me asombra su silencio…

* Editorial: DeBolsillo

Impresión bajo sospecha (Carlos Fortea)

… Miró por el ojo de la cerradura, como si se asomara a la luz de una estrella en medio de una noche tenebrosa. Al otro lado, en el espacio en forma de llave antigua que semejaba la silueta de un peón de ajedrez, pudo ver a un hombre inclinado sobre un tablero de juego. Tenía el codo apoyado en la mesa, el puño entrecerrado y encorvado, el mentón apoyado en los nudillos. El perfil del rostro mostraba un gesto de intensa concentración, las cejas bajas, los ojos entornados, dos arrugas horizontales en la frente…

* Editorial: Anaya

El hijo del acordeonista (Bernardo Atxaga)

… Era el primer día de curso en la escuela de Obaba. La nueva maestra andaba de pupitre en pupitre con la lista de alumnos en la mano. «¿Y tú? ¿Cómo te llamas?», preguntó al llegar junto a mí. «José ―respondí―, pero todo el mundo me llama Joseba». «Muy bien.» La maestra se dirigió a mi compañero de pupitre, el último que le quedaba por preguntar: «¿Y tú? ¿Qué nombre tienes?». El muchacho respondió imitando mi manera de hablar: «Yo soy David, pero todo el mundo me llama el hijo del acordeonista»…

* Traducción: (Autor) y Asun Garikano
* Editorial: Alfaguara

La Celestina (Fernando de Rojas)

CAL.- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.
MELIBEA.- ¿En qué, Calisto?
CAL.- En dar poder a natura que de tan perfecta fermosura te dotasse, y fazer a mi inmerito tanta merced que verte alcançasse, y en tan conueniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiesse…

* Editorial: Cátedra

Celia en el colegio (Elena Fortún)


A Celia la han llevado a un colegio interna.
¡Celia era mala! Aquellas travesuras que tanto os han hecho reír, y que ella os ha contado en el libro
Celia, lo que dice, eran maldades.
Ser mala es no adaptarse a las costumbres de los mayores…

* Ilustraciones: Molina Gallent
* Editorial: Alianza
* Serie: Celia, n.º 2

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina