Publicado por ICS el 17 de Diciembre de 2009.
… He began his new life standing up, surrounded by cold darkness and stale, dusty air.
Metal ground against metal; a lurching shudder shook the floor beneath him. He fell down at the sudden movement and shuffled backward on his hands and feet, drops of sweat beading on his forehead despite the cool air. His back struck a hard metal wall; he slid along it until he hit the corner of the room. Sinking to the floor, he pulled his legs up tight against his body, hoping his eyes would soon adjust to the darkness.
With another jolt, the room jerked upward like an old lift in a mine shaft.
Harsh sounds of chains and pulleys, like the workings of an ancient steel factory, echoed through the room, bouncing off the walls with a hollow, tinny whine. The lightless elevator swayed back and forth as it ascended, turning the boy’s stomach sour with nausea; a smell like burnt oil invaded his senses, making him feel worse. He wanted to cry, but no tears came; he could only sit there, alone, waiting.
My name is Thomas, he thought.
That… that was the only thing he could remember about his life…
* Editorial: Delacorte Press
Publicado por ICS el 1 de Diciembre de 2009.
… Una gorra de cazadora verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que brotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez. Los labios, gordos y bembones, brotaban protuberantes bajo el tupido bigote negro y se hundían en sus comisuras, en plieguecitos llenos de reproche y de restos de patatas fritas. En la sombra, bajo la visera verde de la gorra, los altaneros ojos azules y amarillos de Ignatius J. Reilly miraban a las demás personas que esperaban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D. H. Holmes, estudiando a la multitud en busca de signos de mal gusto en el vestir. Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia. La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría en una persona. Podía proyectar incluso dudas sobre el alma misma del sujeto…
* Traducción: J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez
* Editorial: Anagrama
Publicado por ICS el 20 de Agosto de 2009.
… Yo ya había publicado algunas cosas y había hecho algún dinero: quizá incluso había tenido tiempo para empezar a creer que era más sutil de lo que alcanzaban a ver los más condescendientes; pero a la hora de evaluar mi carrera ―una costumbre sin duda de tipo nervioso, pues aún hoy es bastante corta― tomo como auténtico punto de partida la noche en que George Corvick, jadeante y preocupado, vino a pedirme que le hiciera un favor…
* Traducción: Enrique Murillo
* Editorial: Impedimenta
Publicado por andromeda el 5 de Agosto de 2009.
… El día era gris; hacía un frío glacial y los perros se negaban a seguir el rastro…
* Traducción: Cristina Macía
* Ilustración de cubierta: Corominas
* Editorial: Gigamesh
* Serie: Canción de hielo y fuego, n.º 3
Publicado por andromeda el 1 de Agosto de 2009.
… La cola del cometa rasgaba el amanecer; era una brecha roja que sangraba sobre los riscos de Rocadragón como una herida en el cielo rosado y violáceo.
El maestre estaba de pie en el balcón de sus aposentos, azotado por el viento. Allí era donde llegaban los cuervos tras un largo vuelo. Sus excrementos salpicaban las gárgolas de tres varas que se alzaban a ambos lados del hombre, un sabueso infernal y un guiverno, dos entre varios millares que vigilaban desde los muros de la antigua fortaleza. Cuando llegó a Rocadragón, el ejército de seres de piedra lo ponía nervioso, pero con los años se había acostumbrado a él. En aquel momento los consideraba viejos amigos. Los tres juntos observaron el cielo como si fuese un mal presagio…
* Traducción: Cristina Macía
* Ilustración de cubierta: Corominas
* Editorial: Gigamesh
* Serie: Canción de hielo y fuego, n.º 2
Publicado por andromeda el 30 de Julio de 2009.
… ―Deberíamos volver ya ―instó Gared mientras los bosques se tornaban más y más oscuros a su alrededor―. Los salvajes están muertos.
―¿Te dan miedo los muertos? ―preguntó Ser Waymar Royce, insinuando apenas una sonrisa.
―Los muertos están muertos ―contestó Gared. No había mordido el anzuelo. Era un anciano de más de cincuenta años, y había visto ir y venir a muchos jóvenes señores―. No tenemos nada que tratar con ellos…
* Traducción: Cristina Macía
* Ilustración de cubierta: Corominas
* Editorial: Gigamesh
* Serie: Canción de hielo y fuego, n.º 1
Publicado por ICS el 7 de Julio de 2009.
―Brucie, ¿puedes repetir esa frase? ―pidió Jill Monteiro, directora de la Compañía Prescott.
―«No te prreocupes, Grretel ―dijo Brucie―. Todo irrá fien.»
Jill fijó en él sus ojos oscuros, con expresión reflexiva.
―Ah. Eso debe de ser el acento alemán ―comentó.
―Jawohl, Kommandant ―repuso Brucie.
―Porque Hansel era alemán ―dedujo Jill. Brucie entrechocó los talones―. Interesante.
―Oh, vamos ―comentó Sylvia Breen, caracterizada como la bruja, aunque en la vida real trabajaba en la caja de ahorros―. No se me dan bien los acentos. Ni lo más mínimo…
* Traducción: Javier Guerrero Gimeno
* Editorial: Salamandra
* Serie: Los misterios de Echo Falls, n.º 3
Publicado por ICS el 20 de Junio de 2009.
(A HOUSE ON THE PLAINS)
MAMA SAID I WAS THENCEFORTH TO BE HER NEPHEW, and to call her Aunt Dora. She said our fortune depended on her not having a son as old as eighteen who looked more like twenty. Say Aunt Dora, she said. I said it. She was not satisfied. She made me say it several times. She said I must say it believing she had taken me in since the death of her widowed brother, Horace. I said, I didn’t know you had a brother named Horace. Of couse I don’t, she said with an amused glance at me. But it must be a good story if I could fool his son with it…
* Editorial: Random House
Publicado por ICS el 2 de Junio de 2009.
… Ingrid Levin-Hill estaba sentada en clase de Mates, inmersa en sus ensoñaciones. Tenía el mejor sitio del aula: al final de la fila junto a las ventanas, lo más lejos posible de la profesora, la señora Groome. La Escuela de Secundaria Ferrand se alzaba sobre una colina con vistas al río, más o menos un kilómetro y medio por encima de las cataratas. El río siempre resutaba interesante, en especial cuando una acostumbraba a fijarse en los detalles, tales como la forma en que el agua se rizaba al fluir alrededor de una roca, o el gran pájaro negro que se dejaba llevar por la corriente, las alas pegadas al cuerpo y…
* Traducción: Patricia Antón de Vez
* Editorial: Salamandra
* Serie: Los misterios de Echo Falls, n.º 2