Nocturnos (Kazuo Ishiguro)

(EL CANTANTE MELÓDICO)

La mañana que vi a Tony Gardner entre los turistas, la primavera acababa de llegar a Venecia. Llevábamos ya una semana trabajando fuera, en la piazza, un alivio, si se me permite decirlo, después de tantas horas tocando en el cargado ambiente del café, cortando el paso a los clientes que querían utilizar la escalera. Soplaba la brisa aquella mañana, los toldos se hinchaban y aleteaban a nuestro alrededor, todos nos sentíamos un poco más animados y frescos, y supongo que se notó en nuestra música…

* Traducción: Antonio-Prometeo Moya
* Editorial: Anagrama

La librería (Penelope Fitzgerald)

… En 1959, Florence Green pasaba de vez en cuando alguna noche en la que no estaba segura de si había dormido o no. Se debía a la preocupación que tenía sobre si comprar Old House, una pequeña propiedad con su propio cobertizo en primera línea de playa, para abrir la única librería de Hardborough…

* Traducción: Ana Bustelo
* Editorial: Impedimenta

La dama de blanco (Wilkie Collins)

… Estábamos en el último día del mes de julio. El largo y cálido verano ya estaba pronto a terminar, y los fatigados peregrinos que recorríamos las aceras londinenses empezábamos a pensar en las sombras de las nubes sobre los maizales y en las brisas otoñales de la costa…

* Traducción: Miguel Martínez Lage
* Editorial: Ediciones B

El castillo en el aire (Diana Wynne Jones)

… Al sur de la tierra de Ingary, en los sultanatos de Rashpuht, vivía un joven mercadore llamado Abdullah en la lejana ciudad de Zanbib. Tal como suele suceder con los mercaderes, Abdullah no era rico. Había sido una decepción para su padre y este al morir sólo le dejó el dinero suficiente para comprar y surtir un modesto puesto en la esquina noreste del Bazar. El resto del dinero de la herencia, así como el gran emporio de alfombras situado en el centro del Bazar, fue a parar a manos de los familiares de la primera mujer de su padre.
Nunca nadie le había dicho a Abdullah por qué había decepcionado a su padre. Cierta profecía de su nacimiento tenía algo que ver con ello, pero Abdullah no se había preocupado de averiguar nada; al contrario, desde muy pequeño, se había ido inventando su propia historia. Soñaba despierto con que él era en realidad el hijo perdido de un gran príncipe, lo que quería decir, por supuesto, que su padre no era su padre. Estos pensamientos no eran sino castillos en el aire… Y él lo sabía…

* Traducción: Ana Ramos
* Editorial: Berenice

El susurro de las brujas (Anna Dale)

… Joe se dejó caer en el asiento y se aflojó la corbata del uniforme escolar. Su maleta sobresalía de la rejilla portaequipajes que tenía sobre la cabeza, y la etiqueta colgaba ante sus ojos. En ella se leía:

JOSEPH BINKS
Responsable: señora Merle Taverner
2 Cloister Walk
Canterbury
Kent

Joe arrancó la etiqueta de su cordel, hizo una pelotita con ella y la tiró a un rincón del compartimento del tren. La mujer sentada frente a él estaba tan enfrascada en la lectura del periódico que no le prestó atención. El chico se repartingó en su asiento y pensó, por centésima vez ese día, que ojalá pudiese pasar las Navidades en Londres…

* Traducción: Raquel Vázquez Ramil
* Editorial: Salamandra

Para leer al anochecer (Charles Dickens)

(PARA LEER AL ANOCHECER)

Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Había cinco. Cinco guías, sentados en un banco en el exterior del convento que se encuentra sobre el collado del Gran San Bernardo en Suiza, absortos en las cumbres lejanas tintadas por la puesta de sol, como si una considerable cantidad de vino hubiera sido escanciada sobre la cima de la montaña y no hubiera tenido tiempo de hundirse en la nieve…

* Traducción: Marian Womack y Enrique Gil-Delgado
* Editorial: Impedimenta

Animales y más que animales (Saki)

(LA LOBA)

Leonard Bilsiter era una de esas personas que no han conseguido que este mundo les resulte atractivo o interesante, por lo que han buscado la compensación en un «mundo oculto» sacado de su experiencia o imaginación… o de su invención. Los niños hacen muy bien esas cosas, pero se contentan con convencerse a sí mismos y no vulgarizan sus creencias intentando convencer a los demás. Las creencias de Leonard Vilsiter eran para «los elegidos»; es decir, para cualquiera que estuviera dispuesto a escucharle…

* Traducción: Rafael Lassaletta
* Editorial: Valdemar

El castillo de Lesley (Jane Austen)

(FREDERIC Y ELFRIDA)

El tío de Elfrida era el padre el Frederic; en otras palabras, eran primos hermanos por parte de padre…

* Traducción: Celia Turrión Penelas
* Editorial: Funambulista

El tío Sylvester (Georgette Heyer)

… Sylvester estaba junto a la ventana del comedor, con las manos apoyadas en la repisa, contemplando unas vistas espléndidas. Desde aquella estancia del ala este de Chance no se alcanzaba a ver el estanque ornamental, pero en la ondulada extensión de césped que en verano mantenía ocupadísimos a los jardineros se erigía un cedro, y más allá del jardín, las ramas de las hayas que delimitaban el bosque de Chance brillaban bajo el sol invernal. Para Sylvester las hayas conservaban su atractivo, aunque ahora lo atraía el reclamo de su espesura y no el de un territorio donde cada matorral escondía un dragón y en el que imaginarios caballeros trotaban por las veredas. Sylvester y Harry, su hermano gemelo, se habían hartado de matar esos dragones y de propinar fuertes palizas a esos caballeros. Ya no quedaba ninguno, y hacía casi cuatro años que Harry había muerto; pero seguía habiendo faisanes que sí tentaban a Sylvester, pues una sucesión de aciagas heladas había endurecido la tierra, privándolo de dos días de caza…

* Traducción: Gemma Rovira Ortega
* Editorial: Salamandra

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina