Las pequeñas virtudes (Natalia Ginzburg)

(INVIERNO EN LOS ABRUZOS)

Deus nobis baec otia fecit.

En los Abruzos sólo hay dos estaciones: el verano y el invierno. La primavera es nevosa y ventosa como el invierno y el otoño es caliente y límpido como el verano. El verano empieza en junio y termina en noviembre. Terminan los largos días soleados en las colinas bajas y abrasadas, el polvo amarillo de la calle y la disentería de los niños, y comienza el invierno. La gente entonces deja de vivir en las calles, desaparecen de las escalinatas de la iglesia los muchachos descalzos…

* Traducción: Celia Felipetto
* Editorial: Acantilado

Las dos amigas y el envenenamiento (Alfred Döblin)

… E. L., una hermosa muchacha rubia, llegó a Berlín en 1918. Tenía diecinueve años. Había sido aprendiz de peluquera en Brunswick, donde sus padres tenían una carpintería. Pero un día cometió una chiquillada: robó cinco marcos del monedero de una clienta. Luego pasó algunas semanas en una fábrica de municiones y finalmente terminó su aprendizaje en Wriezen. Era una muchacha despreocupada, que disfrutaba de la vida; se dice que en Wriezen no llevaba precisamente una vida de asceta, y que era dada a las francachelas…

* Traducción: J. Fontcuberta
* Editorial: Acantilado

¿Fue él? (Stefan Zweig)

… En lo que a mí respecta, puedo decir que estoy segura de que él fue el asesino, aunque me falta la última prueba, la irrefutable.
—Betsy —me dice siempre mi marido—, eres una mujer inteligente, eres aguda y rápida observando, pero te dejas llevar por tu temperamento y a menudo juzgas con demasiada precipitación.
Al fin y al cabo, mi marido me conoce desde hace treinta y dos años y tal vez, sí, es más que probable que tenga razón con su advertencia. De modo que debo hacer un esfuerzo y dominarme, para ocultar mi sospecha ante todos los demás pues me falta esa última prueba. Pero cada vez que me cruzo con él y viene a mi encuentro, leal y complaciente, el corazón se me para. Y una voz interior me dice: él y sólo él fue el asesino…

* Traducción: Berta Vias Mahou
* Editorial: Acantilado

Fin (David Monteagudo)

… El teléfono sonó una, dos, tres veces. «¿Alguien puede coger ese teléfono?», gritó Hugo desde algún rincón de la casa; pero el teléfono sonó otra vez, y luego se hizo el silencio, y después volvió a sonar de nuevo. Hugo entró en el despacho con pasos precipitados, farfullando una palabrota, y descolgó a la mitad de un nuevo timbrazo. «Sí, diga», dijo mientras el auricular viajaba todavía hacia su oreja, en un tono apremiante, descortés, mezclando en su irritación al anónimo llamador y a quien le había obligado, con su pasividad, o tal vez con su ausencia, a atender la llamada.
Pero a la agitación de ese primer momento le siguió un instante de total silencio, de expectante quietud. Durante unos segundos, Hugo permaneció mudo, con la mirada fija, con el ceño fruncido…

* Editorial: Acantilado

Café Titanic y otras historias (Ivo Andrić)

(EN EL CEMENTERIO JUDÍO DE SARAJEVO)

Petar Kočić, que tenía ojo y sentido para el paisaje bosniaco, y como buen escritor era capaz de decir cosas bonitas y exactas así como de pasada, observó el lugar que en este paisaje ocupaban los cementerios y llegó a expresarlo incluso en un artículo especializado. «Como bueyes de montaña, robustos y blanquecinos yacen los montones de piedra grande cuadrangular y, expuestos a las miradas procedentes de todos lados, se derraman al sol y reposan como en un sueño profundo».
Siempre me acordaré de esa observación secundaria, y también la recordé este verano, cuando acudí durante varios días seguidos al viejo cementerio judío que se extiende en la orilla izquierda del río Miljacka, por debajo de la vía del tren de la línea Sarajevo‑Užice…

* Traducción: L. F. Garrido y T. Pištelek
* Editorial: Acantilado

Laúd y cicatrices (Danilo Kis)

(EL APÁTRIDA)

«Llegó a París el 28 de mayo de 1938.»

Se alojó en un hotel de Barrio Latino, cerca del teatro Odeón. Este hotel despertaba en él pensamientos lúgubres y por la noche, al apagar la lámpara de la mesilla, se le aparecían fantasmas alrededor de los cuales todavía flotaban desplegadas las sábanas de la habitación como mortajas. Una de las parejas de espíritus le era familiar y el señor sin patria revivió en su interior la imagen del poeta y de su amante, tal como los había visto en la foto del libro conmemorativo dedicado a ese poeta: ella, Leda, con un sombrero enorme que le arrojaba sombra sobre la cara como si un velo le cubriese los ojos, pero esa oscuridad no bastaba para ocultar la contracción, apenas visible, que se formaba alrededor de sus labios, causada por la edad y la sensualidad; él, el poeta, herido por el amor y la enfermedad, con los ojos desorbitados por el hipertiroidismo, en los que aún brillaba el fuego como si se tratase de la mirada del primer violinista de una orquesta cíngara…

* Traducción: L. F. Garrido y T. Pištelek
* Editorial: Acantilado

Viaje al pasado (Stefan Zweig)

―¡Ahí estás!
Con los brazos extendidos, casi se podría decir que abiertos de par en par, salió a su encuentro.
―¡Ahí estás! ―repitió de nuevo, y su voz recorrió esa escala que asciende cada vez más luminosa desde la sorpresa hasta la absoluta felicidad, mientras miraba la figura de la amada, rodeándola de ternura…

* Traducción: Roberto Bravo de la Varga
* Editorial: Acantilado

Mendel el de los libros (Stefan Zweig)

… De vuelta en Viena tras una visita a los barrios de la periferia, me vi inmerso de improviso en un chaparrón que, con húmedo látigo, perseguía a la gente obligándola a correr hasta los portales de las casas y otros refugios. Yo mismo busqué también, a toda velocidad, un techo que me amparara. Por fortuna, en Viena le espera a uno en cada esquina un café…

* Traducción: Berta Vias Mahou
* Editorial: Acantilado

Yo y Kaminski (Daniel Kehlmann)

… Me desperté cuando el revisor llamó a la puerta del compartimento. Dijo que acababan de dar las seis y que llegaríamos al destino en media hora. Y que si le había oído. Sí, murmuré, sí…

* Traducción: Rosa Pilar Blanco
* Editorial: Acantilado

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina