Un asunto sentimental (Jorge Eduardo Benavides)

—Venecia es mucho más que una ciudad, lo sabe todo el mundo, es un estado de ánimo, una leve borrachera feliz de los sentidos, una inexplicable necesidad de amarla y poseerla como a una bella, bellísima mujer, algo siempre inmerecido— me dijo.

* Editorial: Alfaguara

Liquidación (Imre Kertész)

… Llamemos Keserű a nuestro hombre, al héroe de esta historia. Imaginamos a una persona y luego un nombre. O a la inversa: imaginamos un nombre y luego a la persona. Todo ello resulta, sin embargo, prescindible en este caso, porque nuestro hombre, el héroe de esta historia, se llama realmente Keserű…

* Traducción: Adam Kovacsics
* Editorial: Alfaguara

Las lágrimas de San Lorenzo (Julio Llamazares)

… El verano empezaba cuando llegaban los veraneantes. No el 21 de junio, que es cuando dice el horóscopo, ni siquiera la noche de San Juan, la más corta y misteriosa del solsticio, cuando la gente se sanjuanea sumergiéndose en las aguas de los ríos y las fuentes, prendiendo y saltando hogueras o buscando al amanecer el trébol de cuatro hojas, ese que da buena suerte, sino cuando llegaban los afortunados que podían permitirse el lujo de descansar los meses de más calor, al contrario que el resto de la gente.
Yo, en cierto modo, era uno de ellos…

* Editorial: Alfaguara

Todas las almas (Javier Marías)

… Dos de los tres han muerto desde que me fui de Oxford, y eso me hace pensar, supersticiosamente, que quizá esperaron a que yo llegara y consumiera mi tiempo allí para darme ocasión de conocerlos y para que ahora pueda hablar de ellos…

* Editorial: Alfaguara

El lugar sin culpa (José María Merino)

… Hay una lagartija sobre el alféizar. El cuerpo turquesa salpicado de pequeñas manchas malvas y rojas, los dedos tan largos que parecen ramificaciones vegetales, una lagartija ha subido al alféizar y permanece inmóvil, la cabeza vuelta hacia la doctora Gracia…

* Editorial: Alfaguara

Eleazar (Michel Tournier)

… El niño pastor veía desplegarse, procedente del océano, al oeste, una ola inmensa de bruma suave y plateada. Sabía que la tarde iba a ser sombría y que nadie turbaría su soledad. No tenía miedo, pero sentía que se deslizaba hacia un abismo de melancolía. Transcurrió un tiempo impreciso. Luego, la campana lejana de Athenry desgranó una música argentina y triste, deshilachada por la brisa marina.
Eleazar conocía tan bien como su lengua materna el idioma tosco y balbuciente de las campanas. Lo que oía no era ni el ángelus, ni un aire alegre de fiesta. Era un toque de difuntos, el repique para un funeral. No tenía miedo a la muerte. Sólo el adulto, sólidamente enraizado en la tierra viva, teme el desgarramiento de una desaparición inesperada e injusta. El niño y el viejo flotan sin asideros en la superficie de la existencia y la abandonan sin sufrimiento…

* Traducción: José Luis López Muñoz
* Editorial: Alfaguara

Romanticismo (Manuel Longares)

… Tanto había oído hablar José Luis Arce de la salud del Caudillo en la tertulia de Balmoral que no tomó en serio su enfermedad definitiva. Por eso, cuando supo que le operaban de urgencia en un quirófano de campaña no acudió a sublevar los cuarteles, como Javo Chicheri, ni imitó a Fela del Monte que ante la consternación del apoderado Chaves, del cajero Irurzun y de otros ejecutivos del banco en el que tenía la cuenta, retiró el capital y las joyas y los escondió en la carbonera de su casa donde el padre Altuna dijo misa durante la guerra civil.
—No me robarán los rogelios —gritaba Fela en el salón taurino del Wellington.
A diferencia de Javo Chicheri y Fela del Monte, Arce no vinculaba su familia y patrimonio a la suerte de aquel agonías. No participaba por tanto de la inquietud de Lalo Pipaón y Luismi Fonseca que interrumpían cada hora la actividad de la cadena de electrodomésticos que heredaron de sus padres para seguir la evolución del paciente a través de los altavoces conectados con el informativo de la radio. En el desapego de Arce no había inconsciencia ni dejadez sino la convicción de que era inútil oponerse a la voluntad de un hombre que igual podía morirse que no hacerlo nunca…

* Editorial: Alfaguara

El centro del aire (José María Merino)

… Basi pronunció las palabras por tercera vez, entrecerrando los ojos. Su rostro de arpillera había adquirido la rigidez de las tallas benditas y su voz estaba envuelta en el temblor de los augurios.
Confundido por la atropellada dicción de la vieja, Bernardo tardó unos instantes en sospechar que la insistencia era acaso malévola: como si Basi pretendiese fraguar un conjuro capaz de diluir el sentido del nombre y, con ello, de anular y hacer desvanecerse a la persona misma que denominaba…

* Editorial: Alfaguara

El pequeño vampiro se cambia de casa (Angela Sommer-Bodenburg)

… Anton estaba en la bañera leyendo En la morada del Conde Drácula cuando llamaron a la puerta de la casa.
«¡Espero que no sea para mí!», pensó, y levantó la vista del libro. Oyó cómo su madre iba hacia la puerta y abría. Después volvió por el pasillo y llamó a la puerta del baño.
—¡Para ti! —dijo ella.
—Estoy leyendo —gruñó Anton—. ¿Quién es?
—¡Un vampiro!…

* Traducción: José M. Rodríguez Clemente
* Ilustraciones: Amelie Glienke
* Editorial: Alfaguara
* Serie: El pequeño vampiro, n.º 2

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina