Los perros y los lobos (Irène Némirovsky)

… A los ojos de sus habitantes judíos, la ciudad ucraniana de la que eran originarios los Sinner tenía tres zonas claramente diferenciadas, como las que se ven en ciertas pinturas antiguas: abajo, atrapados entre las tinieblas y las llamas del infierno, los réprobos; en el centro de la tela, iluminados por una luz pálida y serena, los mortales; y en lo alto, los elegidos…

* Traducción: José Antonio Soriano Marco
* Editorial: Salamandra

El maestro de almas (Irène Némirovsky)

—¡Necesito dinero!
—Le he dicho que no.
Dario se esforzaba en vano por mantener la calma. En momentos de emoción, su voz sonaba estridente. Gesticulaba. Tenía el tipo levantino, un aire inquieto y ávido de lobo, unos rasgos diferentes de los de allí, un rostro que parecía modelado a toda prisa por una mano febril.
—¡Usted presta dinero, lo sé! —gritó furioso…

* Traducción: José Antonio Soriano Marco
* Editorial: Salamandra

(MARZO DE 1937)

La niña acaba de nacer en un bonito piso de París. Imaginamos la cuna rodeada de hadas sonrientes: su madre, una escritora célebre, su hermana, el acabado retrato de la niña feliz, con su vestidito de bordado inglés y sus bucles rubios, de todo lo cual ella será el compendio, y después las criadas, nodriza, ama de llaves, camarera, cocinera…; por no hablar, además, del príncipe encantador, el padre, con su traje claro, los ojos tiernos, en la mano la copa de champán. Una adivinanza: ¿dónde está la bruja?, ¿bajo los rasgos de quién se oculta?…

(CAPÍTULO 1)

Siempre he encontrado violento el olor de los tilos que, sin embargo, en la literatura es suave y se sube a la cabeza en la dulzura de los atardeceres de las postrimerías del verano. Un olor que embriaga hasta la náusea, el olor que emanan las plazas de los pueblos en donde, por la noche, los jóvenes dan vueltas bajo la mirada adormecida de los viejos, sentados en los bancos, las manos enlazadas sobre el bastón. Un olor tranquilo de provincias entontecido por el bochorno del día…

* Traducción: Roser Berdagué
* Editorial: Circe

David Golder (Irène Némirovsky)

—No.
Golder levantó bruscamente la pantalla para dirigir la luz de la lámpara de lleno a la cara de Simon Marcus, sentado frente a él al otro lado de la mesa. Por un instante, observó los pliegues, las arrugas que recorrían el alargado y oscuro rostro de Marcus cada vez que sus labios o párpados se movían como en un agua turbia rizada por el viento. Pero sus bovinos y somnolientos ojos de oriental seguían tranquilos, apáticos, indiferentes. Su rostro era tan impenetrable como un muro. Golder dobló con cuidado el brazo de metal flexible de la lámpara.
—¿A cien, Golder? ¿Has contado bien? Es un precio… —dijo Marcus.
—No —murmuró Golder de nuevo—. No quiero vender…

* Traducción: José Antonio Soriano Marco
* Editorial: Salamandra

El malentendido (Irène Némirovsky)

… Yves dormía como un niño, con toda el alma. Tenía un brazo doblado y la cabeza apoyada en el codo, como si instintivamente hubiera reencontrado la postura e incluso la sonrisa de los niños, inocente y seria, del profundo y confiado sueño de antaño. Soñaba con una larga playa bañada por el sol, con el sol de la tarde sobre el mar, con el sol entre los tamariscos…

* Traducción: José Antonio Soriano Marco
* Editorial: Salamandra

Lo que yo llamo olvido (Laurent Mauvignier)

… y lo que ha dicho el fiscal es que un hombre no debe morir por tan poca cosa, que es injusto morir por una lata de cerveza que el tipo ha conservado en las manos lo suficiente para que los seguratas puedan acusarlo de robo y jactarse, después, de haberlo identificado y elegido entre los otros, la gente que está allí comprando, tiene tiempo para intentar, eso mismo, intentar, correr hacia las cajas o amagar un gesto para resistírseles, porque así podría advertir lo que son capaces de hacer los seguratas, lo que saben, e incluso bajar los ojos y acelerar el paso, si decide escapar caminando muy rápido, sin dejarse llevar por el pánico ni salir corriendo, conteniendo el aliento, los dientes apretados, un movimiento, cosa que ha hecho, no tratar de negar cuando los ha visto llegar y ellos se han, no diré lanzado sobre él, porque se acercaban lentos y tranquilos, sin abalanzarse en absoluto, como habrían hecho, dijéramos, unas aves de presa, no, no han hecho eso, por el contrario, se han detenido ante él, todos ellos muy silenciosos, más bien lentos y fríos cuando lo han rodeado y él no ha pronunciado una sola palabra para protestar o negar porque, sí, se había bebido una lata y habría podido darles las gracias por dejar que se la acabara…

* Traducción: Javier Albiñana
* Editorial: Anagrama

Eleazar (Michel Tournier)

… El niño pastor veía desplegarse, procedente del océano, al oeste, una ola inmensa de bruma suave y plateada. Sabía que la tarde iba a ser sombría y que nadie turbaría su soledad. No tenía miedo, pero sentía que se deslizaba hacia un abismo de melancolía. Transcurrió un tiempo impreciso. Luego, la campana lejana de Athenry desgranó una música argentina y triste, deshilachada por la brisa marina.
Eleazar conocía tan bien como su lengua materna el idioma tosco y balbuciente de las campanas. Lo que oía no era ni el ángelus, ni un aire alegre de fiesta. Era un toque de difuntos, el repique para un funeral. No tenía miedo a la muerte. Sólo el adulto, sólidamente enraizado en la tierra viva, teme el desgarramiento de una desaparición inesperada e injusta. El niño y el viejo flotan sin asideros en la superficie de la existencia y la abandonan sin sufrimiento…

* Traducción: José Luis López Muñoz
* Editorial: Alfaguara

Hombres (Laurent Mauvignier)

… Pasaba de la una menos cuarto de la tarde y le extrañó que no recayeran sobre él todas las miradas, que no hubiera muestras de asombro por el esfuerzo que había hecho, por llevar chaqueta y pantalón conjuntados, camisa blanca y una de esas corbatas de escay que se estilaban hace veinte años y que todavía se encuentran en las tiendas de saldos.
Hoy dirán que no olía demasiado mal. No ironizarán sobre el hecho de que comerá de gorra ni sobre que por una vez no pondrá cara de presentarse como caído del cielo. Le llamarán Fuego de Leña, como siempre, y algunos recordarán que tiene un nombre auténtico tras la mugre y el pestazo a vino, tras la dejadez de sus sesenta y tres años…

* Traducción: Antonio-Prometeo Moya
* Editorial: Anagrama

Los Thibault / 1 (Roger Martin du Gard)

… En la esquina de la calle de Vaugirard, cuando bordeaban ya las edificaciones de la escuela, el señor Thibault, que durante todo el trayecto no había dirigido la palabra a su hijo, se detuvo bruscamente:
—¡Esta vez sí que no, Antoine! No; ¡esta vez ya pasa de la raya!…

* Traducción: Félix Caballero Robredo
* Editorial: Alianza
* Serie: Los Thibault, n.º 1

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina