Ámsterdam (Ian McEwan)

… Dos antiguos amantes de Molly Lane esperaban fuera de la capilla del crematorio, de espaldas al frío de febrero. Todo se había dicho ya, pero volvieron a decirlo:
—Jamás supo lo que le vino encima.
—Cuando lo supo ya era demasiado tarde.
—Empezó tan de repente.
—Pobre Molly.
—Mmm…
Pobre Molly…

* Traducción: Jesús Zulaika
* Editorial: Anagrama

Sábado (Ian McEwan)

… Al despertar, horas antes del alba, Henry Perowne, neurocirujano, descubre que ya está en danza, aparta las mantas de su postura sedente y se levanta. No sabe con certeza el momento exacto en que ha despertado, pero tampoco le importa. Nunca ha hecho algo así, pero no se alarma y ni siquiera se sorprende un poco, porque el movimiento de sus miembros es ágil y placentero y nota una fuerza insólita en la espalda y las piernas. De pie y desnudo junto a la cama —siempre duerme desnudo—, siente su plena estatura, la respiración paciente de su mujer y el aire invernal del dormitorio en la piel. Lo cual también es una sensación placentera. El reloj de la mesilla marca las tres cuarenta. No sabe qué está haciendo levantado: no necesita aliviar la vejiga, no le perturba un sueño, tampoco un elemento del día anterior ni el estado del mundo. Es como si, ahí en la oscuridad, saliendo de la nada se hubiese materializado entero, completo, sin impedimentos…

* Traducción: Jaime Zulaika
* Editorial: Anagrama

Chesil Beach (Ian McEwan)

… Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible…

* Traducción: Jaime Zulaika
* Editorial: Anagrama

El placer del viajero (Ian McEwan)

… Cada tarde, cuando la ciudad empezaba a bullir más allá de los postigos verde oscuro de las ventanas de su hotel, Colin y Mary se despertaban por el rítmico golpeteo de herramientas contra las barcazas de hierro amarradas al pontón del café del hotel. Por la mañana, aquellos cascos picados de herrumbre, sin carga visible ni medios de propulsión, solían desaparecer; volvían hacia el final de la jornada, y las tripulaciones se afanaban inexplicablemente con mazos y cortafríos. Entonces, bajo el bochornoso calor de últimas horas de la tarde, era cuando los parroquianos empezaban a reunirse en el pontón para tomar un helado en las mesas de hojalata y sus voces también invadían las sombras de la habitación, con risas y discusiones que inundaban a oleadas los breves silencios entre cada golpe penetrante de martillos. Se despertaban a la vez, o eso les parecía, y seguían tumbados sin moverse en sus camas individuales. Por razones que ya no podían determinar con claridad, Colin y Mary no se hablaban…

* Traducción: Benito Gómez Ibáñez
* Editorial: Anagrama

Expiación (Ian McEwan)

… Briony escribió la obra —para la que ella misma había diseñado los carteles, los programas y las entradas, construido la taquilla con una cartulina doblada por un lado, y forrado la caja de recaudación con papel crepé rojo— en una tormenta compositiva que duró dos días y que le hizo saltarse un desayuno y un almuerzo. Cuando los preparativos hubieron terminado, no le quedó nada más por hacer que contemplar el borrador acabado y aguardar la aparición de sus primos del lejano norte…

* Traducción: Jaime Zulaika
* Editorial: Anagrama

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina