La cena (Herman Koch)

… Íbamos a cenar en un restaurante. No diré en cuál, porque si lo digo puede que la próxima vez esté lleno de gente que quiera ver si hemos vuelto. Había reservado Serge. De las reservas siempre se ocupa él. El restaurante es uno de esos a los que hay que llamar con tres meses de antelación, o seis u ocho, ya he perdido la cuenta. Yo jamás querría saber con tres meses de antelación adónde iré a cenar una noche determinada, pero parece que hay gente a quien eso no le importa nada. Si dentro de unos siglos los historiadores quieren saber cuán idiota era la humanidad a comienzos del siglo XXI, no tendrán más que echar un vistazo a los ordenadores de los llamados restaurantes selectos, porque resulta que todos esos datos se guardan…

* Traducción: Marta Arguilé Bernal
* Editorial: Salamandra

La cueva (Tim Krabbé)

… Pasado más o menos un kilómetro, tal como le habían dicho, lo vio. Un gran edificio de hormigón de cinco pisos situado al final del camino, en los linderos del aeropuerto. Delante se hallaba el aparcamiento. Había algunos coches, que relucían al sol. Una verja separaba el aparcamiento de un erial que se extendía hasta la carretera, cubierto de matojos, basura y restos de muros caídos, y en cuyo centro se alzaba una palmera solitaria y torcida.
En lo alto de la entrada del edificio había unas palabras escritas en caracteres sinuosos e incomprensibles, aunque él creía conocer su significado: «Monumento a la amistad entre Ratanakiri y Vietnam».
A las once tenía que estar en aquel aparcamiento…

* Traducción: Marta Arguilé Bernal
* Editorial: Salamandra

Mar de delirio (Robert Haasnoot)

… POR AQUEL ENTONCES los temerosos de Dios no cesaban de advertírnoslo. Las señales eran claras, decían, el fin de los tiempos había empezado. En el mundo que se extendía más allá de nuestra aldea de pescadores, los impíos eran ya mayoría. Dios había retirado Sus manos de la humanidad y el año anterior había estallado una guerra terrible. A pocas horas en tren del pueblo ya se oía el estampido de los cañones y se sentía temblar la tierra. Satanás había sido liberado, se levantaban nación contra nación y reino contra reino. Miles de soldados perecían en las trincheras a diario, pueblos enteros y ciudades quedaban devastados y las gentes huían en masa. De momento la patria se libraba de la violencia de la guerra pero, a veces, después de un fuerte aguacero, sobre las casas y las calles de Zeewijk caía una fina ceniza con olor a sangre que el viento arrastraba sobre la católica Bélgica en llamas…

* Traducción: Marta Arguilé
* Editorial: Lengua de Trapo

La desaparición (Tim Krabbé)

… Como naves espaciales, los coches llenos de turistas avanzaban rítmicamente hacia el sur por la larga y ancha autopista. La tarde empezaba a teñir de violeta el paisaje ondulado de la Autoroute du Soleil, y la larga cinta de coches iba perdiendo densidad. Rex Hofman y Saskia Ehlvest llevaban diez horas en la carretera, y otra hora más los separaba del final de su primera etapa: un hotel en Nuits St. Georges, no muy lejos de Dijon. Quedaba un poco apartado de la ruta más lógica, pero a Saskia le había parecido que un nombre así bien valía el pequeño rodeo…

* Traducción: Marta Arguilé Bernal
* Editorial: Salamandra

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina