Publicado por ICS el 12 de julio de 2012.
(LAS CUATRO DE LA MADRUGADA)
Hora de la noche al día.
Hora de un costado al otro.
Hora para treintañeros.
Hora acicalada para el canto del gallo.
Hora en que la tierra niega nuestros nombres.
Hora en que el viento sopla desde los astros extintos.
Hora de y-si-tras-de-nosotros-no-quedara-nada.
Hora vacía.
Sorda, estéril.
Fondo de todas las horas.
Nadie se siente bien a las cuatro de la madrugada.
Si las hormigas se sienten bien a las cuatro de la madrugada,
habrá que felicitarlas. Y que lleguen las cinco,
si es que tenemos que seguir viviendo.
* Traducción: Gerardo Beltrán
* Editorial: Hiperión
* ¿Bilingüe?: No, sólo traducción [español]
Publicado por ICS el 21 de marzo de 2010.
… Se pregunta cuándo oyó hablar de Venecia por primera vez. Y constata que nunca ha sido capaz de averiguarlo. Ni ahora, ni tampoco el día en que le comunicaron que su viaje a Venecia se había cancelado…
* Traducción: Katarzyna Olszewska Sonnenberg
* Editorial: Minúscula
Publicado por ICS el 3 de julio de 2009.
… ¿RECUERDAS EL INVENTARIO DE COSAS MISTERIOSAS que los liliputienses encontraron en los bolsillos de Gulliver? Entre ellas había un peine que podía usarse de valla, un enorme reloj de bolsillo que emitía un molesto sonido a intervalos regulares, y muchos otros objetos de uso incierto. Una vez yo también fui liliputiense…
* Traducción: Andrzej Kovalski
* Editorial: Funambulista
Publicado por ICS el 23 de abril de 2009.
19 de enero de 1943
Aún no me hago a la idea de que ya estamos en 1943 y de que han pasado cuatro años desde que comenzó este infierno. Los días transcurren deprisa; cada uno parece idéntico al anterior. Cada jornada lleva consigo el mismo tedio glacial y asfixiante…
* Traducción: Joanna Bardzinska y José Miguel Pallarés
* Editorial: Suma de letras
Publicado por ICS el 12 de octubre de 2008.
… El tren paró en Nieczawy solo un momento. Disimuladamente, Stefan se abrió paso a empujones entre la multitud hasta alcanzar las puertas, saltó justo cuando resopló la locomotora y al instante oyó el estrépito de las ruedas a sus espaldas. Durante una hora había estado tan preocupado por bajarse allí, que se había olvidado del objetivo mismo de su viaje. Y, por fin, respirando un aire tan puro que después de la mala ventilación que había en el tren le resultaba cortante, caminaba con paso inseguro, con los ojos entrecerrados por el sol, liberado e indefenso al mismo tiempo, como si acabara de despertar de un sueño profundo…
* Traducción: Joanna Bardzińska
* Editorial: Impedimenta