Liberación (Sándor Márai)

… La decimoctava noche después de Año Nuevo —la vigésimo cuarta jornada del asedio a Budapest—, una joven decidió abandonar el refugio antiaéreo de uno de los grandes edificios céntricos sitiados, para ganar el otro lado de la calle, ya reducida a un campo de batalla, y llegar a cualquier precio hasta el hombre que llevaba cuatro semanas escondido junto a otros cinco en un angosto sótano tapiado en el edificio de enfrente…

* Traducción: Mária Szijj y J. M. González Trevejo
* Editorial: Salamandra

Jezabel (Irène Némirovsky)

… Una mujer ocupó el banquillo de los acusados. Pese a su palidez y su aspecto angustiado y exhausto, aún era hermosa. Las lágrimas le habían ajado los delicados párpados y sus labios esbozaban una mueca cansada, pero parecía joven. Un sombrero negro le ocultaba el pelo.
Se llevó las manos al cuello mecánicamente, buscando sin duda el largo collar de perlas que solía adornarlo, pero lo tenía desnudo. Las manos dudaron, los dedos se cerraron lenta y lastimosamente. El numeroso público que seguía con la mirada todos sus movimientos dejó escapar un murmullo sordo.
—Los miembros del jurado quieren verle la cara —dijo el presidente del tribunal—. Quítese el sombrero…

* Traducción: José Antonio Soriano Marco
* Editorial: Salamandra

Crímenes (Ferdinand von Schirach)

(PRÓLOGO)
Jim Jarmusch dijo una vez que prefería hacer una película sobre un hombre que sale a pasear con su perro que sobre el emperador de China. A mí me pasa lo mismo…

(FÄHNER)
Friedhelm Fähner había sido toda su vida médico de familia en Rottweil, despachaba 2.800 volantes al año, tenía consulta en la Hauptstrasse, era presidente del Círculo Cultural Egipcio, miembro del Lions Club, y no había cometido un solo delito, ni siquiera una infracción. Además de su casa, poseía otras dos que tenía alquiladas, un Mercedes clase E de tres años con tapicería de piel y climatizador automático, unos 750.000 euros en acciones y obligaciones, y un seguro de vida de capital diferido. Fähner no tenía descendencia. Su único familiar vivo era su hermana, seis años menor que él, que vivía en Stuttgart con su marido y sus dos hijos. A decir verdad, no había mucho que contar de la vida de Fähner.
Hasta que ocurrió lo de Ingrid…

* Traducción: Juan de Sola
* Editorial: Salamandra

Libertad (Jonathan Franzen)

… La noticia sobre Walter Berglund no apareció en la prensa local —Patty y él se habían trasladado a Washington dos años antes, y en Saint Paul ya no contaban para nadie—, pero la aristocracia urbana de Ramsey Hill no era tan leal a su ciudad como para privarse de leer el New York Times

* Traducción: Isabel Ferrer
* Editorial: Salamandra

El lenguaje de las flores (Vanessa Diffenbaugh)

… Pasé ocho años soñando con flores. Los árboles se incendiaban al pasar yo a su lado; los océanos ardían. Un humo azucarado se aposentaba en mi pelo mientras dormía y, cuando me levantaba, el aroma quedaba prendido en la almohada como una nube. Aun así, en cuanto empezó a arder mi colchón, me desperté de golpe. Aquel olor intenso, químico, no tenía nada que ver con el almíbar brumoso de mis sueños; eran tan diferentes como el jazmín indio y el de Carolina, apego y separación. Era imposible confundirlos.
De pie en el centro de la habitación, localicé el origen del incendio. Una pulcra hilera de cerillas de madera bordeaba los pies de la cama. Se iban encendiendo una detrás de otra, formando un cerco llameante por todo el borde ribeteado del colchón. Al verlas arder, sentí un terror desproporcionado en relación con el tamaño de las llamas parpadeantes y, por un instante paralizador, volví a tener diez años y a sentirme desesperada y esperanzada como nunca me había sentido y nunca volvería a sentirme.
Pero el colchón sintético no prendió como habían prendido los cardos a finales de octubre. Sólo humeó un poco y el fuego se apagó.
Ese día cumplía dieciocho años…

* Traducción: Gemma Rovira Ortega
* Editorial: Salamandra

Nieve en otoño (Irène Némirovsky)

-Bueno, Yuroska, adiós… -dijo asintiendo con la cabeza, como antaño-. Cuídate mucho, hijo. -Cómo pasaba el tiempo… De niño, cuando se marchaba al instituto de Moscú, en otoño, subía a despedirse de ella en aquella misma habitación. De eso hacía diez, doce años. Miró su uniforme de oficial con una mezcla de asombro y triste orgullo-. ¡Ay, mi pequeño Yuroska! Parece que fue ayer…

* Traducción: José Antonio Soriano Marco
* Editorial: Salamandra

La extraña desaparición de Esme Lennox (Maggie O’Farrell)

… Todo empieza con dos chicas en un baile.
Están a un lado de la sala, una de ellas sentada en una silla, abriendo y cerrando el carnet de baile con los dedos enguantados; la otra de pie, contemplando el desarrollo de la danza: las parejas que dan vueltas, las manos agarradas, el taconeo de los zapatos, las faldas al vuelo, la vibración del suelo. Es la última hora del año y la noche tiñe de negro las ventanas. La chica sentada va vestida de un tono pálido, Esme no recuerda cuál; la otra lleva un vestido rojo oscuro que no la favorece. Ha perdido los guantes. Aquí comienza…

* Traducción: Sonia Tapia Sánchez
* Editorial: Salamandra

Arabella (Georgette Heyer)

… El aula de la rectoría de Heythram no era una estancia muy amplia, pero, tratándose de un frío día de enero, en una casa donde se tenía muy en cuenta el consumo de carbón, sus ocupantes no lo consideraban una desventaja. El modesto fuego que ardía en la alta chimenea con barrotes calentaba lo suficiente para que solo una de las jóvenes que allí se encontraban, Elizabeth, hubiera decidido cubrirse los hombros con un chal…

Traducción: Gemma Rovira Ortega
Editorial: Salamandra

Union Atlantic (Adam Haslett)

… La segunda noche que pasaron en el puerto de Bahrein, un oficial del estado mayor del almirante decidió que toda la tripulación del Vincennes merecía, como mínimo, un paquete de cigarrillos gratis por cabeza. El gesto fue bien recibido hasta que en la cantina se terminaron, y después en las máquinas expendedoras, dejando a unos cincuenta soldados y a algunos suboficiales con la sensación de que les escatimaban el único reconocimiento recibido por todo lo que habían pasado. Varios de ellos, bastante borrachos, empezaron a congregarse delante del economato, mientras afirmaban que había que abrirlo para que la promesa se cumpliera. Al percatarse de que se enfrentaba a un problema, el oficial se llevó a Vrieger a un lado, le entregó un sobre con algo de dinero y le dijo que un todoterreno y un conductor lo esperaban en la puerta…

* Traducción: Ismael Attrache Sánchez
* Editorial: Salamandra

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina