El placer del viajero (Ian McEwan)

… Cada tarde, cuando la ciudad empezaba a bullir más allá de los postigos verde oscuro de las ventanas de su hotel, Colin y Mary se despertaban por el rítmico golpeteo de herramientas contra las barcazas de hierro amarradas al pontón del café del hotel. Por la mañana, aquellos cascos picados de herrumbre, sin carga visible ni medios de propulsión, solían desaparecer; volvían hacia el final de la jornada, y las tripulaciones se afanaban inexplicablemente con mazos y cortafríos. Entonces, bajo el bochornoso calor de últimas horas de la tarde, era cuando los parroquianos empezaban a reunirse en el pontón para tomar un helado en las mesas de hojalata y sus voces también invadían las sombras de la habitación, con risas y discusiones que inundaban a oleadas los breves silencios entre cada golpe penetrante de martillos. Se despertaban a la vez, o eso les parecía, y seguían tumbados sin moverse en sus camas individuales. Por razones que ya no podían determinar con claridad, Colin y Mary no se hablaban…

* Traducción: Benito Gómez Ibáñez
* Editorial: Anagrama

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Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

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