Los días del abandono (Elena Ferrante)

… Un mediodía de abril, justo después de comer, mi marido me anunció que quería dejarme…

* Traducción: Nieves López Burell
* Editorial: Salamandra

Colgando de un hilo (Dorothy Parker)

… Por favor, Dios mío, haz que me telefonee ahora. Oh, Dios, que me llame. No te pediré nada más, te lo prometo. Me parece que no es pedir demasiado. Te costaría tan poco, Dios mío, concederme esta pequeñez… Que me telefonee ahora mismo, nada más. Por favor, Dios mío, por favor, te lo ruego.
Si no pensara en ello, tal vez sonaría el teléfono, como sucede a veces. Si pudiera pensar en otra cosa, lo que fuera. Quizá si contara hasta quinientos de cinco en cinco, el timbre sonaría cuando terminara. Contaré lentamente, no quiero hacer trampa, y si suena cuando llegue a trescientos no pararé; no responderé hasta llegar a quinientos. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta… Por favor, que suene, por favor…

* Traducción: Jordi Fibla, Celia Filipetto y Carmen Francí
* Ilustraciones: Simone Massoni
* Editorial: Lumen

Los vagabundos de la cosecha (John Steinbeck)

… En esta época del año, cuando llega el tiempo de la cosecha a los inmensos campos de California -las uvas hinchadas, las ciruelas, las manzanas, las lechugas y ese algodón que tan rápido madura-, nuestras carreteras se convierten en un hervidero de temporeros itinerantes, esa masa informe de braceros nómadas golpeados por la pobreza a los que el hambre y el miedo al hambre empujan de campo en campo, de cosecha en cosecha, de un extremo a otro de California, hasta Oregón y algunas regiones del Estado de Washington. Pero es California el Estado que recibe y necesita a más de estos nuevos vagabundos. El propósito de esta serie de artículos es el de presentar un breve estudio de estos vagabundos. Por el Estado vagan al menos 150.000 emigrantes sin hogar, un ejército lo suficientemente numeroso como para que todos los habitantes de California se interesen por él…

* Traducción: Marta Alcaraz Burgueño
* Editorial: Libros del Asteroide

El viento que arrasa (Selva Almada)

… El mecánico tosió y escupió un poco de flema.
—Tengo los pulmones podridos —dijo pasándose la mano por la boca y volviendo a inclinarse bajo el capot abierto…

* Editorial: Mardulce

Una chica en invierno (Philip Larkin)

… Durante la noche había dejado de nevar, pero, como seguía helando y los copos no se derretían, la gente comentaba que aún nevaría más. E incluso cuando la nieve empezó a fundirse, no les quitó la razón, porque no se veía el sol, sino una vasta y única capa de nubes sobre el campo y los bosques. En contraste con la nieve, el cielo era marrón. Sin la nieve, en realidad, la mañana habría parecido un anochecer de enero, pues la luz daba la impresión de surgir directamente de ella…

* Traducción: Marcelo Cohen
* Editorial: Impedimenta

El gusano de seda (Robert Galbraith)

—Más vale que se haya muerto alguien famoso de verdad, Strike —dijo una voz ronca desde el otro extremo de la línea.
Aún no había amanecido. El hombre corpulento y sin afeitar que caminaba con el teléfono apretado contra la oreja sonrió.
—Por ahí va la cosa.
—¡Son las seis de la mañana, joder!
—Las seis y media, pero, si esto le interesa, tendrá que venir a buscarlo —dijo Cormoran Strike—. No estoy muy lejos de su casa. Hay una…
—¿Cómo sabe dónde vivo? —quiso saber su interlocutor.
—Me lo dijo usted mismo —contestó Strike conteniendo un bostezo—. Me comentó que va a vender su piso.
—Ah, sí —repuso el otro, más calmado—. Tiene buena memoria.
—Hay una cafetería que abre las veinticuatro…
—¡Ni hablar! Venga más tarde a mi despacho.
—Escuche, Culpepper, no he pegado ojo en toda la noche y esta mañana tengo una cita con otro cliente que me paga mejor que usted. Si lo quiere, tendrá que venir a buscarlo. Ahora mismo…

* Traducción: Gemma Rovira Ortega
* Editorial: Salamandra
* Serie: Cormoran Strike, n.º 2

El canto del cuco (Robert Galbraith)

… La agitación en la calle era como el zumbido de las moscas. Los fotógrafos se apiñaban tras las vallas vigiladas por la policía, con sus grandes cámaras preparadas y el aliento elevándose como el vapor. La nieve caía ininterrumpidamente sobre gorros y hombros; los dedos enguantados limpiaban las lentes. De vez en cuando, se oían arranques de esporádicos chasquidos: los observadores ocupaban el tiempo de espera sacando fotos a la carpa de lona blanca que estaba en medio de la calle, a la entrada del alto edificio de apartamentos de ladrillo rojo que había detrás y al balcón del piso superior desde donde había caído el cuerpo…

* Traducción: Jesús de la Torre Olid
* Editorial: Espasa
* Serie: Cormoran Strike, n.º 1

La hora azul (Alonso Cueto)

… Poco antes de que empezara esta historia, la revista Cosas publicó una foto mía en su sección «Mundo Social».
Era una foto rectangular que atravesaba la página de un lado a otro. Yo aparecía confrontando a la cámara con una sonrisa. Tenia la cabeza alzada, el saco brillante, algunos dedos asomados en el hombre de mi guapa esposa Claudia. Me veía bien, con esa mezcla de espontaneidad y de elegancia que algunos sabemos lucir cuando hay un fotógrafo cerca…

* Editorial: Anagrama

Publicado en: Alonso Cueto, Anagrama, Perú. Opina

Caramelo verde (Fernando Ampuero)

… En esos días me echaron del trabajo y lo primero que hice fue pararme en una esquina. Elegí una esquina cualquiera, todavía rumiando la cólera por lo que me había pasado, y hasta imaginé que aquello sería mi futuro, quedarme en el aire…

* Editorial: Seix Barral

Gente de letras

Ésta es una recopilación de comienzos de libros, tanto clásicos como contemporáneos, seleccionados según nuestros gustos. Esperamos que coincidáis con ellos en al menos un 90%.

Atentamente...

Fer, Paula, Xavier e Irina